Danza clásica X danza popular: la danza es una

“El silencio es infinito, como el movimiento, no tiene límites “

Marcel Marceau

Pedreguer 4 de diciembre del 2020

Eparey Oyá (En maranhao)

Kao Kabecile (En Cuba)

Nanny Alves(baiana Maracatu piaba de ouro)

Hoy amanecí extrañando La Habana, ayer me fui a dormir pensando en ADN, Mati y Will tres hermanas que Cuba me a dado. Me puse a buscar fotos para que mis ojos aliviasen un poco mi corazón. Mientras busco, me encontré una foto mía, en el escenario del gran teatro de La Habana, con Marcel Marceau. Recuerdo cuando mis ojos se cruzaron con los suyos por primera y última vez, recibí una lluvia de complicidad y energía de amor. Cuando dos almas cómplices se encuentran, el silencio comunica, basta solo una mirada! Gratitud por ese “Re-encuentro.”

Seguí buscando fotos, pensando en encontrar una mía y de Will en el cemitério de Danta Efigênia. De pronto me encuentro una imagen de 25 años atrás, me la hizo mi amigo Leonardo Cisneiros cuando empezaba a dar sus primeros clics. Estabamos en Olinda, en cidade Tabajara, en frente a la casa de Mestre Salu, donde fue mi casa durante muchos carnavales pernambucanos, muchos recuerdos lindos. Como extraño a mis mestres, como extraño a Salu.

Yo fui una de las baianas del Maracatu Piaba de Ouro por vários años, Bailé en las calles de Recife, Olinda, Goiana, e muchas otras ciudades donde íbamos a cumplir jornada. Muchas veces fui abordada por compañeros de mi escuela de danza o compañeros de trabajo preguntando se no me daba pena salir con aquellos vestuarios ¨cheos¨. Un día una chica me preguntó que hacia yo bailando con aquella gente desdentada en la calle, me dijo que ella ni muerta se pasaba por algo similar. Lo que ella nunca lo supo, porque yo no costumno gastar tiempo y energía, atendiendo esa calidad de gente, es que el Piaba de Oro fue una gran escuela para mí, allí conocí las fiestas y rituales de los cañaverales de la Zona da Mata de Pernambuco. Sentí ritmos poderosos que hicieron vibrar mi alma, fluyan mis movimientos, los de todos. Dibujábamos el espacio con soltura y intensa entrega, sentía que cuando estábamos bailando éramos parte de un mural de Rivera, con la carga emocional de un Picasso nordestino.

Mirando esa foto, yo segurando a piaba de oro, escuché una voz interior femenina, con asiento pernambucano, que me habló firme: “segura forte a piaba minha filha!”

Inmediatamente me vino al cuerpo el coro de LA PERLA, la música de Rubén Blanes con calle 13. Esa fue la música que me despedí de La Habana desde mi azotea en frente a Malecón, en aquel concierto histórico de calle 13 en la tribuna antimperialista José Martí.

Tengo la noche que me sirve de sabana, ni dormida me olvido de mi identidad, ¡no me falta mas nada!

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