Mitad robada al mar, mitad a la imaginación.

Nanny Alves com o senhor do pirulito. Foto: Leonardo Cisneiros

Nanny Alves com o senhor do pirulito. Foto: Leonardo Cisneiros

Recife, capital del estado brasileño de Pernambuco, tierra donde nací y pasé los primeros años de mi vida. Ciudad que amo y extraño, de donde guardo hermosos recuerdos y gratitud a todos aquellos que fueron pilares en mi formación. Tierra natal de tantos músicos y poetas, ciudad de los puentes y manglares, del carnaval, frevo, caboclinhos y Maracatu.

En 1994 todavía muy joven, empezando mi carrera profesional tuve el gran placer de ser invitada por mi maestro André Madureira para trabajar en el montaje de su espectáculo “Opereta do Recife”, un homenaje al poeta Carlos Pena Filho.

Me acuerdo que entré en pánico en el primer ensayo, porque me dijeran que tenía que bailar un solo de mi personaje, era inspirado en Isadora Duncan, por lo tanto  la coreografía era libre. En el momento que me tocó bailarlo en frente a los demás artistas veteranos, el director puso la música y me dijo: ¡Baila Nanny ¡Baila!

Tenía el corazón en la boca, pero las ganas de hacer parte de ese elenco me llenaron de valor, me lancé al “abismo”, bailé lo que me salía, no sentía el cuerpo, estaba anestesiada por los nervios.  Cuando terminé los cuatro minutos interminables me dijo Madureira: no está mal, pero puedes hacer  mejor, ¡así que hay que trabajar!

María Helena Sette, mi maestra por muchos años, me hacía lo mismo de forma diferente, me dejaba improvisar en medio de sus coreografías.

Los grandes maestros son sensibles, no te enseñan a repitir pasos, te enseñan que la danza va mucho más allá que eso. Los grandes maestros son como espejos que orientan sus pupilos, los hacen sentir por donde quieres, debes y puedes ir.

La Opereta do Recife fue un gran reto artístico, me proporcionó hacer mi primera temporada en el Teatro Santa Isabel. Su banda sonora fue compuesta por Zoca Madureira, que musicalizó los poemas de Carlos Pena filho. El poeta que junto a  Isadora Duncan me presentó la Opereta do Recife y hasta hoy me inspiran el vivir con su arte.

La foto arriba es en el Recife Antiguo con el señor que vende pirulito(dulce tradicional), fue tomada por la lente de Leonardo Cisneiros, hermano del alma que junto a André Aquino me acompañaran en 1994 a una librería de segunda mano en el centro histórico de Recife a buscar uno de los libros que me ayudó a vencer el reto de bailar ese personaje y también influenció toda la trayectoria profesional, Mi vida de Isadora Duncan.

Os brindo una estrofa del  gran poeta del azul recifense, me encanta Recife por Carlos Pena Filho:

“No ponto onde o mar se extingue

E as areias se levantam

Cavaram seus alicerces

Na surda sombra da terra

E levantaram seus muros.

Do frio sono das pedras.

Depois armaram seus flancos:

Trinta bandeiras azuis plantadas no litoral.

Hoje, serena flutua, metade roubada ao mar,

Metade à imaginação,

Pois é do sonho dos homens

Que uma cidade se inventa.”

Termino por aquí  desahogándome con otra estrofa de Carlos Pena Filho :

“Recife, cruel cidade,

águia sangrenta, leão.

Ingrata para os da terra,

boa para os que não são.

Amiga dos que a maltratam

inimiga dos que não,

este é o teu retrato feito

com tintas do teu verão

e desmaiadas lembranças

do tempo em que também eras

noiva da revolução.”

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